
La religiosa llamada Kumiko Kosaka elegía a los pequeños de la Casa Próvolo en Argentina que se mostraban sumisos a los golpes para ser las víctimas de los curas Nicolás Corradi y Horacio Corbacho, este caso remeció los cimentos de la Iglesia Católica en todo el mundo, debido a que la justicia condenó a dos curas tras comprobarse que abusaron sexualmente de varios niños con discapacidad auditiva.
Lo que ocurría en el interior del Instituto lleva más dolor, indignación y horror del que se pueda imaginar. Niños con discapacidad auditiva fueron inscritos en esa escuela para ser adoctrinados, pero acabaron siendo maltratados física, psicológica y sexualmente.
De acuerdo con los testimonios de las víctimas recogidos durante el juicio de Próvolo, que inició en a finales de 2016, había un modus operandi para cometer los abusos sexuales. La mayoría de los relatos mencionan un cuarto al que eran llevados siempre conocido como “la casita de Dios”.
En ese lugar eran sometidos a diversos vejámenes: violaciones, tocamientos, pornografía y amenazas. Generalmente ocurría en la madrugada, cuando los otros niños dormían en sus habitaciones.
Fueron 9 años de abusos, desde 2005 hasta 2016, cuando por primera vez un exalumno se atrevió a hacer la primera de las denuncias de violación por parte de los curas. A esta les siguieron muchas más llegando a sumar aproximadamente 25 casos más.
En tanto, los principales imputados, Corradi y Corbacho, han recibido más de 40 años de cárcel el pasado 25 de noviembre, pero llevarán las penas de manera distinta. El primero, de origen italiano y que ya tenía denuncias por abuso sexual en Próvolo de Italia (sucedidos entre 1955 y 1984), cumplirá su condena en arresto domiciliario por su deteriorada salud.
En cuanto al jardinero Gómez, se le otorgó 18 años de prisión; y al ex monaguillo Jorge Bordón, 10 años. En el caso de otro implicado, un administrativo de iniciales J. O., se le declaró inimputable, ya que presenta retraso madurativo severo y discapacidad en la comunicación.
Una de las joven que denunció por primera vez a los miembros de Próvolo especificó cómo la “monja mala”, como le llamaban los alumnos, fue cómplice de todos los abusos. En una ocasión en que la víctima fue violada por los curas a los 10 años, sufrió una hemorragia, según contó. La monja no se alarmó y lo que hizo fue ponerle un pañal para ocultar que sangraba.
Algunos de los niños también fueron encadenados y obligados a violar a otros de sus compañeros, mientras los sacerdotes los observaban. Esto fue corroborado por las evidencias halladas al interior del instituto, donde se encontró material pornográfico, cadenas y otros elementos.
La monja Kosaka aún no ha sido sentenciada, pero se le acusa por el delito de complicidad. Actualmente se encuentra bajo arresto domiciliario y se espera un juicio por separado en el 2020..
